viernes, 21 de noviembre de 2014

Un oasis en la academia: Biblioteca infantil pre-escolar de la Universidad de Tarapacá, Arica.

"¿En cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” suele generar molestias."  

Por la co-madre invitada Ignacia Cortés
Editora, especialista en estudios andinos y actualmente escritora de libros para niños

Hace una semana fuimos en familia a Arica, en el extremo norte de Chile, a exponer con mi pareja e hija de un año, al IX Congreso de Etnohistoria que se desarrolló en la Universidad de Tarapacá (UTA). El programa del Congreso era ambicioso. Intentamos ir a algunas presentaciones, pero sólo pudimos acudir a las charlas magistrales, ya que por el horario nos acomodaba más. 

Sin embargo, como nos enseñan las niñas y niños, sus tiempos, y el de los adultos suelen ser muy distintos. Para no resistirme al ritmo de Clara, decidí salir a buscar un refugio, idealmente para darle teta y descansar. Pensé en algo parecido a una plaza, pero la vegetación, como la conocemos en la Santiago, no abunda en el campus universitario. La temperatura es otra y el agua escasea en la zona. Habían pequeños espacios con pasto y sombra, pero no estaban tan cerca de la sala donde se desarrollaba el congreso. A cambio, tuvimos una revelación. Caminamos por dentro de uno de los edificios y hallamos un oasis. La entrada tenía un cartel que nos daba la bienvenida: “Biblioteca infantil pre-escolar”. Clara abrió sus enormes ojos y se lanzó a gatear-caminar en dirección a unas niñas lectoras, hermanas de 7 y 4 años a las que no les molestó en compartir con Clarita el pan con palta que estaban comiendo.

Conversé con la encargada del espacio. Ella me contó que antes este lugar correspondía a la guardería infantil para estudiantes y funcionarios de la UTA. Hace un tiempo atrás la universidad abrió una gran sala cuna y jardín infantil, pero la exguardería no se convirtió en una sala más dentro del campus, sino que se transformó en una biblioteca infantil. A ella asisten las niñas y niños del jardín y algunas tardes a la semana, se abre a la comunidad.

La biblioteca infantil de la UTA cuenta con un sector de juegos, allí conviven muñecas; tacitas para tomar el té; un llamo de peluche, con tulmas en sus orejas y un aguayo de vestimenta; y cajas de juegos idiomáticos en mapudungun y aymara. La biblioteca tiene todo un mundo en miniatura, mesas de colores, sillas, sillones, alfombras y hasta una acogedora silla mecedora. Respecto a los libros, es muy variada. Los estantes, de fácil acceso a los niños, están llenos; algunos libros son del tamaño de una pequeña mano; otros, grandes, con ilustraciones para poder ser vistos por varios lectores. Además, hay libros para recortar, clásicos de la literatura infantil -como Hansel y Gretel-, y libros objeto, como los del ilustrador y diseñador japonés Taro Gomi, que hoy en día es el autor favorito de Clara.


Al llegar de vuelta a Santiago, pensé: ¿cuántas universidades cuentan con este tipo de bibliotecas? Realmente no lo sé, pero creo que no he visto ninguna en el contexto universitario santiaguino. Y, sigo con mis preguntas, ¿en cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” (como dice una sabia amiga) suele generar molestias. Por lo mismo, se ha intentado moldear su comportamiento. Lo mejor es que se parezcan a los adultos o a ese ideal de adulto: dóciles, fáciles de controlar, quietos y silenciosos.

Escribiendo esto recordé algo que se dijo en la clausura del Congreso. Quizás no sea coincidencia que la sigla de la Universidad de Tarapacá sea UTA. En aymara, uta significa casa. Sin embargo, uta no sólo se emplea para designar una edificación, también es el proceso de construcción que involucra necesariamente a la comunidad: es un trabajo mano a mano, solidario y ritual, un achuqalla**. ¿Cuántas universidades se proponen ser una verdadera uta, donde estudiantes y, por qué no, la comunidad entera pueda recorrer y habitar cada espacio?

En nuestra corta estadía en Arica, pudimos visitar la biblioteca infantil dos veces. Lamentablemente, no se me ocurrió tomar una fotografía, pero confío en que las sensaciones de esas tardes de juego quedaron atesoradas en nuestra memoria corporal.

Las imágenes son del libro "Adivina qué es" de Taro Gomi.




* Wawa (quechua) bebé, infante.
** Ejecución y ceremonia del techado de las casas.

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